La siguiente es una muestra de lo que será la exposición artística itinerante La última fiesta de los taladros, que se podrá disfrutar completa en el 2026. La iniciativa, los retratos y las calaveras son obra del artista Tito Martínez. Los relatos que acompañan a cada retrato fueron escritos por Mauricio Montenegro. La exposición completa cuenta con treinta retratos, calaveras y pequeñas narraciones.
Banalidades

Señor juez, me declaro inocente de todos los cargos. Reconozco que soy el responsable de lo que se me acusa, pero no lo considero un crimen. Sepa usted que el señor presidente conocía de mi plan de control natal e higienización en poblaciones marginales. Lo hice todo con su venia. Aquellos que vociferan mi nombre en las calles me tildan de cruel, de inhumano. Yo soy un hombre de ciencia, y la ciencia no conoce de empatías. Es efectiva y apunta a la perfección, a la pulcritud. Me permito compartir con usted y la audiencia datos que son de interés. Una perra sin castrar puede llegar a tener entre cuatro y doce cachorros al año. Una gata, hasta quince gatitos. Finalmente, una sola rata puede tener entre cuarenta y cien crías en ese período. Si bien los seres humanos, a Dios gracias, no contamos con la capacidad de multiplicarnos a esa velocidad, es bien sabido que quienes viven en los estratos más pobres de nuestra sociedad, sumidos en la ignorancia y conducidos por la lascivia, se aventuran a tener tres, cinco y hasta siete hijos. Yo le pregunto, señor juez, ¿cuentan con los medios para mantener a semejante prole? La respuesta está a la vista. Niños y niñas vendiendo frunas en la calle, azotados por el calor como lombrices reventadas ante el sol. Y cada uno de esos niños representa un gasto para el Estado, tan necesitado de fondos. Mi abogado me informó que ya salieron las cotorras de los derechos humanos a decir que mi ministerio debía informar a las mujeres de los efectos de las inyecciones antes de administrarlas. Discúlpeme, su señoría, pero es casi imposible tratar con la gente de los suburbios, no se diga de la ruralidad. ¡Si a duras penas se les entiende lo que quieren decir! Yo mismo me encargué de colocar la primera inyección. Se me acusa de haber dejado estériles a miles de mujeres. Yo, en cambio, asevero que salvé a cientos de miles de futuros niños y niñas de la indigencia, la malnutrición y la miseria. Usted podrá condenarme hoy, pero la historia me absolverá.
Furukawa

Si desea, señorita, todo le cuento. Pero no me pida eso. No me tome esa foto. Yo le digo cómo trabajábamos, cómo vivíamos. Enfermos estamos hasta ahora, yo, mi señora y mi nene. Los doctores me dicen que el polvillo del abacá es lo que le provocó esa tos a mi hijito, solo nueve años tiene. Pero le hacían trabajar duro, como si fuera grande. Diez horas como a todos. A veces más. A veces por las noches. Y entonces sí que era feo porque esas lámparas de kerosene largan un olor feísimo. No insista, señorita. Me da vergüenza mostrar esto a los demás. Me han contado que hemos ganado un juicio. Que según las leyes fuimos esclavos por años. Pero ya no lo somos más. Me han dicho que el gobierno dio unas disculpas públicas. La verdad es que no las escuché. ¿Para qué? Duro me va a resultar conseguir otro trabajo, ya ve bien usted por qué. Mi señora también está complicada porque un pulgar perdió en una de las máquinas. Ah, sí, así eran nuestras casas, como las de estas fotos, bien pequeñitas, y no teníamos baño, apenas una letrina que casi nunca se limpiaba y que quedaba lejos. Aun así apestaba todo apestaba a mierda, perdone la palabra. Disculpe que me rasque tanto, yo sé que no es de buena educación, pero la piel me pica y los ungüentos de los doctores no ayudan mucho. ¿Yo qué quisiera? Seguir trabajando en el campo, pero no con esa planta durísima y maldita. Cosechar frutas, ganar algo de dinero para ver si consigo un médico que cure a mi hijito… Si desea le cuento otras cosas, pero no insista más. Dígame, ¿para qué quiere una fotografía de estas, que ya ni parecen manos?